Jose Carlos Botto Cayo
A menudo los silencios del tiempo
acarician mi rostro,
buscando quizá encontrar
esas palabras que dejamos.
Poco a poco van quedando
libres y silenciosas,
porque la vida está en ellas,
desde que fueron escritas
en una noche como esta.
Y los tiempos del tiempo
se iban desarrollando,
dejando tras su paso
todas aquellas miradas.
Eran miradas creadas
en el mundo del silencio,
miradas que fueron quedando
entre aquello que vivimos
y lo que nunca sucedió.
Y las letras silenciosas
se fueron buscando unas a otras,
acercándose despacio,
como si ya se conocieran.
Tal vez querían conversar,
decirse aquello que guardaban,
formar entre todas ellas
ese pensamiento distinto
que la noche nos dejaba.
Y entonces apareció
aquel papel sin palabras,
donde pudieron conversar
sin dejar de estar calladas.
Desde entonces, las palabras
siguen viviendo en sus líneas,
mientras los silencios del tiempo
vuelven a acariciar mi rostro
en una noche como hoy.

