Jose Carlos Botto Cayo
Caminemos sin palabras
en un mundo definido,
buscando llenar paredes
con silencios imaginarios.
Tomamos un lapicero,
una hoja entre las manos,
empezamos a dibujar
con la tinta del silencio.
Van naciendo algunos versos
que van llenando mi mente
con todas esas intenciones
que podemos imaginar.
Primero aparece una A,
luego se acerca una B,
después llega una C,
y todas comienzan a buscarse.
Se van juntando en la hoja,
van formando las palabras,
van creando las oraciones,
van despertando sensaciones.
Desde el fondo de la nada
comienzan a caminar,
van dejando pensamientos,
van dibujando situaciones.
Así va surgiendo el poema,
primero nace una estrofa,
después van naciendo otras,
una, dos, quizá tres.
Nacen todas las estrofas
que nuestra mente necesita
para abrirse y recibir
lo que vemos al atardecer.

