Jose Carlos Botto Cayo
Cada noche escribo
una palabra suelta.
La dejo en el cuaderno
para escucharla después.
Cada tarde regreso.
La palabra me espera.
Ya dice otra cosa,
ya trae otra voz.
Cada mañana la encuentro
distinta sobre la página.
Recuerda cuanto fuimos
y pregunta qué seremos.
A menudo aparecen
los rostros del tiempo.
Cantan sus canciones
para no olvidar
los nombres que nos hicieron.
Las oraciones llegan,
despacio, sin orden.
Una llama a otra,
hasta encontrar su sitio
entre tantos recuerdos.
Entonces avanza el poema.
No necesita permiso.
Recoge nuestros años
y dice en voz alta
lo que estaba callado.
Empiezo escribiendo solo.
Después llegan las voces.
Lo que parecía mío
termina siendo nuestro.
Ayer vuelve despacio.
Hoy le abre espacio.
Los dos quedan escritos
sobre la misma página.
En mis ojos despiertan
las letras escondidas.
Traen pequeños momentos
que la memoria guardó.
Las horas continúan,
sin mirar mi cuaderno.
Solo guardo un instante
dentro de estas líneas,
antes de que se pierda.
Cuando cierro el cuaderno,
la noche sigue allí.
Los instantes pasaron,
pero algo de su paso
sigue despierto conmigo.

