José Carlos Botto Cayo
Después de todo aquello,
algunas tardes quedaron
en el fondo de un cajón,
junto a un botón suelto
y una llave sin cerradura.
A veces llegan voces
sin que nadie las llame:
una risa en la cocina,
un murmullo del patio,
un plato sin recoger.
Ya no queda aquella casa,
ni sus voces de antes,
pero algo permanece
sobre el mantel doblado,
como si alguien acabara
de levantarse.
Quizá sean palabras
buscando dónde quedarse,
o sonidos antiguos
de una conversación
que terminó sin despedirse.
Entonces me quedo quieto,
sin moverme de donde estoy,
y escucho pequeños ruidos
que pronuncian mi nombre
desde algún sitio cercano.
La imaginación reúne
lo que quedó separado:
el botón sobre la mesa,
la llave sin cerradura,
la camisa que nadie usa.
Y comprendo que hay cosas
que no vuelven a nosotros:
quedan como esta llave,
sin cerradura ni destino,
guardando la forma
de quien la sostuvo.
Fuente: Botto Cayo, J. C. (s.f.). Botto-cayo.com Obtenido de https://botto-cayo.com/

