José Carlos Botto Cayo
La nostalgia también suele esconderse en aquellos dibujos animados que acompañaron nuestra infancia. Basta escuchar una melodía, recordar un nombre o volver a ver la imagen de un personaje para que regresen tardes enteras frente al televisor. Entre esas historias se encuentra La princesa caballero, protagonizada por Zafiro, una joven obligada a presentarse ante su reino como príncipe para conservar el derecho a la corona.
Para quienes la conocimos en América Latina, Zafiro era simplemente aquella muchacha que cabalgaba, empuñaba una espada y enfrentaba a quienes querían arrebatarle el reino. Poco importaba entonces saber que la producción provenía de Japón o que detrás de ella estaba uno de los autores fundamentales del manga. Muchos años después conoceríamos el nombre de Osamu Tezuka y descubriríamos que aquella princesa que veíamos en televisión tenía una historia que había comenzado mucho antes.
El nacimiento de Zafiro
La princesa caballero nació primero en las páginas impresas. Su título original fue Ribon no Kishi y comenzó a publicarse en Japón en 1953, en la revista Shōjo Club, dirigida principalmente al público femenino. Su creador fue Osamu Tezuka, quien por aquellos años ya desarrollaba una nueva manera de contar historias mediante dibujos, utilizando relatos extensos, personajes definidos y recursos narrativos tomados muchas veces del cine.
Zafiro era diferente a buena parte de las princesas que aparecían entonces en los relatos infantiles. No permanecía encerrada esperando que alguien acudiera a salvarla. Salía a combatir, recorría su territorio, tomaba decisiones y debía enfrentarse a quienes pretendían quitarle aquello que le correspondía.
En su creación tuvo importancia el teatro Takarazuka, conocido por estar integrado únicamente por mujeres, algunas de las cuales interpretaban también personajes masculinos. Tezuka conoció ese ambiente desde joven y parte de aquella estética de príncipes, uniformes, romances, vestidos y cambios de identidad terminó llegando a su obra.
El autor volvería varias veces sobre Zafiro. Después de aquella primera publicación de los años cincuenta aparecieron nuevas versiones durante la década siguiente, hasta que la historia estuvo lista para dar el salto que entonces comenzaban a dar muchas historietas japonesas: llegar a la televisión.
Del papel a la televisión
Antes de convertirse en una serie regular, Mushi Production realizó en 1966 un episodio piloto. Era una prueba destinada a trasladar al lenguaje de la animación el universo que Tezuka había creado en las páginas del manga.
Un año después comenzó la aventura televisiva.
La serie fue estrenada en Japón el 2 de abril de 1967 y permaneció en pantalla hasta abril de 1968. Se produjeron 52 episodios, de aproximadamente veintitrés minutos cada uno, realizados en color. La versión animada conservó los elementos principales de la obra original, aunque incorporó nuevas situaciones y aventuras para adaptarse al ritmo semanal de la televisión.
Aquí aparece una curiosidad que el paso del tiempo ha terminado aclarando. Durante años, en América Latina hablamos de La princesa caballero simplemente como una serie de dibujos animados. Mucho después comenzaríamos a utilizar con naturalidad la palabra anime. No se trataba de dos cosas distintas: aquellos dibujos que veíamos eran precisamente animación japonesa, aunque todavía no los llamáramos de esa manera.
El secreto de la princesa
La historia transcurría en Silverland, un reino donde solamente los hombres podían heredar la corona. Cuando nace Zafiro, su padre decide presentarla públicamente como un niño para evitar que el poder termine en manos de otros miembros de la familia.
Pero había algo más.
Antes de nacer, Zafiro había recibido un corazón masculino y otro femenino. Cachito, un pequeño ángel, debía acompañarla mientras intentaba corregir aquella situación. Este elemento fantástico servía como punto de partida para muchas de las aventuras y, al mismo tiempo, explicaba parte de la personalidad de la protagonista.
Entre quienes buscaban descubrir su secreto estaban el duque Duraluminio y el conde Nylon. Si conseguían demostrar que Zafiro era mujer, ella perdería su derecho al trono. De esta manera, la joven debía enfrentarse constantemente a conspiraciones, secuestros, brujas, demonios y enemigos provenientes de otros territorios.
También estaba el príncipe Frank, alrededor de quien se desarrollaba la parte romántica del relato. La fórmula resultaba atractiva porque podía pasar de una batalla a una historia sentimental, de una conspiración palaciega a una aventura fantástica, sin perder nunca el hilo principal.
El viaje hacia América Latina
Durante los años setenta comenzaron a llegar a América Latina numerosas producciones japonesas. La televisión necesitaba cada vez más programas infantiles y aquellos dibujos encontraron rápidamente un espacio junto a series estadounidenses y europeas.
La princesa caballero perteneció a esa primera generación.
El doblaje al castellano tuvo mucho que ver con su popularidad. Nombres como Zafiro, Cachito, Duraluminio o Nylon terminaron siendo familiares para miles de niños que probablemente nunca habían escuchado hablar de Osamu Tezuka y mucho menos sabían qué era un manga.
La televisión de entonces tenía también sus propias reglas. No existían plataformas, grabaciones digitales ni la posibilidad de escoger un episodio a cualquier hora. Cada programa tenía su momento y había que estar frente al televisor cuando comenzaba. Si se perdía un capítulo, quedaba esperar alguna repetición.
Quizá por eso muchas de aquellas series permanecieron de una manera especial en la memoria. No estaban disponibles permanentemente. Había que esperarlas.
Zafiro en el Perú
En el Perú, las primeras producciones japonesas comenzaron a hacerse conocidas durante los años setenta. Meteoro, Fantasmagórico, Los tres espaciales y otros títulos fueron creando un público que todavía no sabía que, detrás de aquellas imágenes, existía una industria japonesa que años después tendría enorme presencia en nuestro país.
Dentro de ese grupo estuvo también La princesa caballero. Su recuerdo quedó unido a la televisión peruana de aquellos años y a una programación infantil que reunía producciones provenientes de diferentes lugares del mundo sin hacer demasiadas diferencias entre ellas.
Zafiro llegó así a los hogares peruanos sin necesidad de explicaciones adicionales. Era una princesa, llevaba espada y tenía enemigos. Para un niño bastaba con eso.
Con el tiempo ocurrió algo curioso. Muchos espectadores conservaron perfectamente la imagen de la protagonista, algunas escenas e incluso fragmentos de la música, pero olvidaron el título o desconocieron durante años su procedencia japonesa. La memoria televisiva suele guardar primero las imágenes y después los datos.
Una princesa distinta
Uno de los elementos que hizo especial a Zafiro fue precisamente la forma en que Tezuka construyó su figura. Era princesa y, al mismo tiempo, debía vivir públicamente como príncipe. Podía aparecer con vestido y, poco después, montar a caballo y tomar una espada para defenderse.
El problema acompañaba cada una de sus aventuras: si alguien descubría que era mujer podía perder la corona.
Tezuka no necesitaba detener la historia para explicar demasiado. La contradicción estaba allí, frente al espectador. Zafiro demostraba una y otra vez que podía defender su reino, gobernar y enfrentarse a sus enemigos, pero una antigua norma podía dejarla fuera del trono.
Esa característica ayudó a que el personaje no desapareciera cuando terminó la serie. Zafiro podía ser vista simplemente como una heroína de aventuras, pero detrás de sus combates existía también una historia sobre las reglas que una sociedad establece y las personas que terminan desafiándolas.
Una historia que permaneció
Con los años, La princesa caballero encontró su lugar dentro de la historia del manga y la animación japonesa. Su protagonista demostró que una obra destinada al público femenino podía reunir aventura, acción, fantasía y romance sin necesidad de colocar a la mujer en un papel secundario.
Después llegarían otros personajes y otras historias. El manga cambiaría, el anime llegaría a todos los continentes y nuevas generaciones descubrirían producciones japonesas muy diferentes a las de los años sesenta.
En América Latina ocurrió algo parecido. Mucho antes de Los caballeros del Zodiaco, Sailor Moon, Dragon Ball o Pokémon, ya existían niños que seguían semana tras semana las aventuras de personajes llegados desde Japón. No lo sabíamos entonces, pero el camino ya había comenzado.
Han pasado varias décadas desde aquellas transmisiones. Sin embargo, Zafiro continúa regresando de tiempo en tiempo a la memoria de quienes la conocieron. Una espada, un sombrero, un caballo y una princesa obligada a defender su reino fueron suficientes para que aquella vieja serie japonesa encontrara un lugar entre los recuerdos de toda una generación.
Bibliografía
Tezuka Productions. Princess Knight. Osamu Tezuka Official Website.
Tezuka Productions. Princess Knight: Animation. Osamu Tezuka Official Website.
Tezuka Productions. Princess Knight: Pilot Film. Osamu Tezuka Official Website.
Power, Natsu Onoda. God of Comics: Osamu Tezuka and the Creation of Post-World War II Manga. University Press of Mississippi, 2009.
Schodt, Frederik L. Manga! Manga! The World of Japanese Comics. Kodansha International, 1983.

