José Carlos Botto Cayo
Juguemos al rock and roll
con cuerpos desnudos,
tocando las teclas del amor
como los diestros de los sesenta.
Shake it, baby,
shake it.
Sí, amor,
shake it,
mientras entonamos los gemidos
que preceden al amor de los cuerpos.
Shake it, baby,
shake it.
Déjame afinar tu piel jadeante,
acariciando las curvas
que terminan en dos pequeñas clavijas,
que bajo las artes lingüísticas
entran en tono de amor.
Shake it, baby,
shake it.
Entonemos los himnos
de ese rock and roll sesentero,
tan sexual
como el aliento
nacido de este encuentro.
Entrelacemos nuestros instrumentos
en cuerpos fusionantes
que escupen lágrimas de pasión,
cuando uno es dos
y dos es uno.

