José Carlos Botto Cayo
A los seres queridos que partieron antes que nosotros.
Partiste una noche,
como cualquier otra noche,
en la oscuridad
dejaste tu cuerpo.
El mundo partió contigo,
dejando la carne marchitar
a falta de esa alma
que, entre peleas, me enseñó a crecer.
Tu cuerpo desapareció del mundo;
tantos años han pasado.
Sin embargo, volviste,
no una, sino mil veces.
Transformaste la frialdad
en ese calor infinito,
instalándote en mi alma
como un recuerdo vivo.
Vuelves cada mañana
a impregnar el hogar con tu presencia.
Dicen que has partido,
pero estás vivo entre nosotros.

