Jose Carlos Botto Cayo
A veces pienso en el tiempo,
en las palabras
que han ido escribiendo notas,
que se mueven
y se transforman,
que van captando la historia
de aquellos días
en que todo empezaba.
Pienso en los momentos
en que los ojos transformaban el mundo,
imaginando los cielos,
los ángeles,
esas nubes
que servían para esconder
todo aquello
que la pluma dejaba escapar
en tinta.
Esos días fueron,
pasaron
y se transformaron en letras.
Quedaron dentro de hojas,
entre palabras,
en esos espacios
que alguna vez miramos,
que alguna vez sentimos,
que alguna vez fueron parte
de nosotros.
Hoy podemos verlos en libros,
en cuadernos,
en cada tipo de hoja
que se fue formando,
guardando aquello
que el tiempo iba dejando.
Las palabras siguieron caminando,
moviéndose,
transformándose,
volviendo a esos días
en que los ojos miraban el cielo
y las nubes podían esconder
todo aquello
que todavía no sabíamos decir.
Y la pluma seguía,
dejando escapar la tinta,
los pensamientos,
los momentos,
los espacios
de una vida
que se iba formando
mientras el tiempo pasaba.
Ahora esas hojas están allí.
Unas dentro de libros,
otras dentro de cuadernos,
otras guardadas
en algún lugar
donde todavía permanecen
las palabras
que alguna vez escribimos.
Y todo aquello
que parecía separado,
los días,
las miradas,
los cielos,
las nubes,
la tinta,
las hojas,
hoy
son un todo.

