Jose Carlos Botto Cayo
Hay palabras que nacen,
que buscan ese pequeño sonido
que el mundo pone en el papel.
Allí comienzan a crecer.
Se escriben con tal facilidad
que el poeta abre los ojos,
mira y las deja escapar,
como una caricia de madrugada.
Como una noche antes de dormir,
el poema va naciendo,
va dejando fragmentos de tinta,
va sonando en silencio.
Habla sin palabras,
creando aquellas líneas
que las miradas buscan
y el fluido de la voz encuentra.
Y en el silencio,
las van recibiendo,
atrapándolas por un segundo
y dejando que fluyan y se escapen en el tiempo.

