José Carlos Botto Cayo
La creencia y el tiempo
aparecen cerca de mí,
mirando mis pasos,
esperando mi regreso.
Vuelvo a aquellos sitios
que alguna vez recorrí,
donde estuve de niño
y empecé a crecer.
Camino por esos espacios,
la memoria vuelve despacio,
como señales que aparecen
diciendo: esto ya pasó.
Todo aquello alguna vez fue,
el dolor quedó en esos días,
mientras la vida continuaba
dejando sus huellas.
Las miradas vuelven,
siento antiguas vibraciones,
las letras empiezan a hablar
contándome sus historias.
Cuando era niño sentía
que los días no avanzaban,
que permanecían junto a mí
como mañanas interminables.
Después empecé a crecer,
la vida me hacía mayor,
mientras seguía escribiendo
sobre papeles y silencios.
Ponía una letra tras otra,
una oración después de otra,
cada palabra iba naciendo,
y yo también iba creciendo.
En un cerrar de ojos
mil años habían pasado,
mil días, mil horas,
y la gente pasaba y pasaba.
Entonces llegó la soledad,
caminando cerca de mí,
mientras seguía recorriendo
los caminos de aquellos días.
Así es el tiempo,
un espacio de soledad,
que me mira, que me habla,
y todavía me mantiene vivo.

