José Carlos Botto Cayo
El tiempo transcurre
en cada mañana,
mientras la soledad
se esconde tras mi piel.
Tanto tiempo sin pensar,
sin detenerme a sentir,
dejando pasar las horas
como páginas antiguas
que nadie quiso cerrar.
Es la eternidad de las letras,
cuando sacamos la pluma
y buscamos algún papel,
dejando escapar recuerdos
que todavía saben volver.
Alguna vez fueron
el espacio de nosotros,
un lugar sin calendario
donde las palabras esperaban
y el tiempo permanecía cerca.
Ahora el nosotros
se convirtió en un yo,
acompañado por esa soledad
que aprendió a quedarse.
No es la que destruye,
ni aquella que perjudica,
es una soledad distinta,
que también alimenta
y nos enseña a mirar
lo que antes no veíamos.
Entonces el mundo cambia,
las calles parecen otras,
los caminos siguen abiertos
y uno vuelve a sentirse parte
de todo aquello que continúa.
Las letras vuelven a fluir,
los pensamientos despiertan,
la pluma regresa al papel
y cada nueva mañana
me lleva un poco más lejos.

