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Séneca y la inteligencia artificial: una reflexión sobre el poder y la responsabilidad

José Carlos Botto Cayo

Cuando le pedimos a una inteligencia artificial que redacte un texto, resuma un documento o responda una pregunta, la pantalla nos devuelve palabras en pocos segundos. La facilidad de esa respuesta puede hacernos olvidar que detrás de ella hay decisiones humanas: alguien creó el programa, eligió sus objetivos y decidió ponerlo en nuestras manos.

En este punto aparece Séneca. El filósofo romano no conoció las máquinas de nuestro tiempo ni puede ser considerado un precursor técnico de la inteligencia artificial. Sin embargo, sus reflexiones sobre la conducta y el uso de la razón nos permiten mirar este avance desde otra perspectiva: la responsabilidad de quien emplea una herramienta poderosa. Su obra se ocupó, sobre todo, de cuestiones éticas y de la vida práctica. (Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2024).

La herramienta y quien la utiliza

La inteligencia artificial puede ayudarnos a ordenar información, traducir un texto o preparar una primera versión de un escrito. En el periodismo, por ejemplo, puede colaborar en la búsqueda de datos y en tareas que antes tomaban más tiempo. Pero cada respuesta debe ser revisada. Una frase bien construida no garantiza que la información sea cierta, del mismo modo que una operación rápida no asegura que el resultado sea justo.

Cuando usamos estas herramientas, conviene recordar que la decisión final sigue siendo nuestra. Si publicamos un dato equivocado, no podemos atribuir toda la responsabilidad al programa que lo produjo. La herramienta responde de acuerdo con su diseño y con la información que procesa; somos las personas quienes elegimos confiar en ella, corregirla o detenernos antes de aceptar su respuesta.

Esta relación no es muy distinta de la que tenemos con otras tecnologías. La imprenta multiplicó los libros, el teléfono acercó voces distantes y la computadora cambió la forma de trabajar. Cada avance abrió posibilidades nuevas, pero también exigió aprender a utilizarlo. La inteligencia artificial sigue ese camino y nos plantea una tarea conocida: aprovechar sus ventajas sin dejar de examinar sus consecuencias.

Una pregunta que viene de lejos

Séneca escribió sobre el dominio de uno mismo, la prudencia y la manera de conducir la propia vida. No hablaba de sistemas automáticos, pero su pensamiento puede acompañar una pregunta actual: ¿quién responde por las decisiones tomadas con ayuda de una máquina? Para la filosofía estoica, la reflexión sobre la conducta y la responsabilidad formaba parte central de la vida moral. (Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2020).

La inteligencia artificial puede entregar una respuesta, pero no conoce por sí misma el valor de la verdad ni el efecto que sus palabras tendrán en una persona. Puede sugerir un camino; no puede asumir nuestra obligación de comprobarlo. Por eso, antes de usar una respuesta, debemos preguntarnos de dónde proviene la información, si es correcta y qué puede ocurrir cuando la compartimos.

Ahí encuentro la relación con Séneca. No en una supuesta predicción de las máquinas, sino en la necesidad de pensar antes de actuar. La inteligencia artificial seguirá creciendo y entrará en más espacios de nuestra vida. Frente a ella, la prudencia conserva su lugar: usar la herramienta con criterio y recordar que la responsabilidad todavía tiene rostro humano.

Fuentes

Brad Inwood, «Seneca», Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2024: https://plato.stanford.edu/entries/seneca/

«Stoicism», Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2020: https://plato.stanford.edu/archives/spr2020/entries/stoicism/

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