José Carlos Botto Cayo
¿Qué carajos hablan de sociedad,
cuando los gritos de la calle
revientan los tímpanos del alma
en manifestaciones de sal?
Si ser pacíficos
es una bandera de destrucción,
con cinceles de pintura
que se clavan en el corazón.
Tan domesticada mi ciudad,
que levantar la voz de protesta
se vuelve en vehículo de comedia
o ser un desadaptado social.
A veces no entiendo
cuál es el concepto de negativo,
ser un luchador para desterrar injusticia
o someterse libremente al descuido.
Todos amamos nuestro lugar,
pero las mutaciones del folclor
nos hacen ver diminutos
ante la realidad de la justicia.
Al fondo hay sitio, chochera,
tócale el claxon a ese huevón,
qué divertido es ser cobrador
en este paraíso del terror.
No todo es malo en mi ciudad,
pero en verdad, en verdad,
la destrucción de la belleza
no genera nada de nobleza.
Métele comba, mi hermano,
no importa si es patrimonio,
vamos a acabar la jornada
en esta ciudad olvidada.
Pero recuerda, mi hermano, recuerda bien,
un minuto de silencio
por cada taladro que despierta,
porque nosotros multamos los ruidos molestos…
Y aun así…
te amo, Perú.

