Jose Carlos Botto Cayo
Es noche,
y el mundo empieza
a esconderse.
Las luces siguen encendidas,
pero las calles cambian.
Las personas caminan rápido,
entran a sus casas,
cierran las puertas.
Algo queda afuera,
algo permanece en la calle.
La calle va quedando desierta,
los pasos se escuchan menos,
y el silencio comienza
a ocupar los lugares
donde antes había gente.
Las personas,
la gente,
mira a su alrededor.
Sus ojos buscan las calles,
como esperando algún peligro.
Ojos asustados se cierran,
buscando las puertas
de un hogar,
un lugar conocido,
donde el miedo quede afuera.
Jóvenes y niños
corren por las calles,
corren,
corren,
corren,
buscando ese espacio
en el cual puedan sentirse seguros.
Algunos miran atrás,
otros siguen adelante,
sin detenerse,
tratando solamente
de llegar a casa.
Es una noche como cualquier otra,
con luces en las ventanas,
con puertas que se cierran,
con personas que regresan
a sus hogares.
Sin embargo,
hay un vacío,
unas calles sin gente,
y un silencio.

