InicioHistoriaQuinta de Presa: la memoria detrás del portón

Quinta de Presa: la memoria detrás del portón

José Carlos Botto Cayo

Hay casas que permiten leer una ciudad desde sus silencios. La Quinta de Presa, en el antiguo barrio de Malambo, en el Rímac, pertenece a esa estirpe de construcciones cuya permanencia conserva algo más que una fachada. Sus ambientes guardan las huellas de una Lima que encontraba espacio para el descanso más allá de su núcleo urbano, cuando una residencia campestre podía reunir el gusto por la arquitectura, la vida doméstica y el prestigio familiar. Levantada en el siglo XVIII, esta quinta permite acercarse a una parte de la capital que merece una mirada detenida.

Su singularidad también está en aquello que permite contar. Frente al predominio de iglesias y conventos en muchos recorridos históricos, ofrece la posibilidad de conocer la arquitectura del esparcimiento y las costumbres de la aristocracia limeña. Su estilo rococó y su condición de villa de recreo remiten a las reuniones y actividades culturales de aquel mundo. Mirarla exige comprender esa sociedad, sus preferencias y sus jerarquías. La belleza del edificio pertenece a una historia concreta: la de quienes pudieron disponer del espacio, del trabajo y de los recursos necesarios para construir una casa destinada al descanso.

Una casa entre el molino y la leyenda

Antes de la residencia estuvo el molino, que en 1727 pasó a propiedad de Isabel de la Presa. Su sobrino, Pedro José Carrillo de Albornoz, lo heredó y levantó junto a él la casa de recreo. El apellido quedó asociado al conjunto. Ese origen permite reconocer una relación que la imagen del palacete puede ocultar: junto al lugar de descanso existía una actividad productiva. La propiedad reunía ambas funciones, de modo que su historia transcurrió entre los espacios reservados al esparcimiento familiar y aquellos donde el trabajo marcaba el ritmo de cada jornada.

La distribución hace visible esa convivencia. El conjunto se organizó en forma de U alrededor de un patio de ingreso, con la casa principal de dos niveles al centro y un jardín posterior. Un ala albergaba el molino y el almacén; la otra, los espacios de servicio y las viviendas destinadas a criados y personas esclavizadas. La arquitectura conservaba, así, las distancias de aquella sociedad. Seguir sus espacios permite pasar del ornamento al trabajo cotidiano y reconocer a quienes sostuvieron una forma de vida cuyos nombres suelen quedar fuera de las historias de sus propietarios.

Sobre esa realidad se extendió una leyenda persistente: la quinta habría sido un regalo del virrey Manuel de Amat a Micaela Villegas, la Perricholi. El inmueble, sin embargo, estuvo vinculado a la familia Carrillo de Albornoz, y aquel obsequio pertenece a la leyenda. La precisión importa porque las historias repetidas terminan adquiriendo apariencia de documento. El romance entre el virrey y la actriz forma parte del pasado limeño, pero no autoriza a convertir cualquier edificio de la época en escenario de sus amores. La tradición puede conservarse con su encanto y sus exageraciones, mientras la historia mantiene sus propias exigencias.

La vida republicana añadió otras capas a esa historia. El Estado adquirió la propiedad en 1920 y la destinó a distintos usos; en 1972 llegó su reconocimiento como monumento histórico. Años después, en 1985, se inauguraron obras de restauración parcial. La preocupación por conservarla lleva, por tanto, varias décadas. Cada intervención integra ya su biografía y plantea una pregunta práctica: cómo asegurar que el esfuerzo invertido en recuperar un edificio se prolongue mediante su cuidado cotidiano, cuando desaparecen las ceremonias y el interés de la noticia.

El difícil regreso a la vida del barrio

En septiembre de 2014 se suscribió una alianza entre entidades públicas y privadas para restaurar la quinta y darle un uso sostenible. El acuerdo contemplaba estudios técnicos y una propuesta de administración y mantenimiento. Su alcance iba más allá de reparar los daños visibles: buscaba establecer las condiciones para que el inmueble pudiera mantenerse en actividad. Esa previsión atendía una necesidad fundamental. Una casa histórica requiere responsables, presupuesto y usos compatibles con su conservación durante todos los años que siguen a una obra; de lo contrario, el deterioro vuelve a ganar terreno.

En 2023, la quinta y su molino quedaron incorporados a la ampliación de los límites del Centro Histórico de Lima reconocido como Patrimonio Mundial. Ese mismo año se encontraba en desarrollo el expediente técnico de recuperación. La intervención prevista comprendía la casona, el molino, elementos ornamentales, senderos y servicios complementarios. La amplitud de esos trabajos permite entender que el valor del lugar abarca el conjunto y sus relaciones espaciales. Recuperar solamente la imagen exterior dejaría sin explicar buena parte de aquello que hizo posible su funcionamiento y le dio carácter.

En agosto de 2026 se anunció una próxima apertura que contemplaría establecimientos gastronómicos y espacios de museografía, exposición y recreación. La propuesta abría una nueva etapa en las expectativas sobre el inmueble, aunque el anuncio no equivalía todavía a su inauguración. El desafío está en hacer compatibles esas actividades con la conservación de la casa. La circulación de visitantes, las instalaciones necesarias para los negocios y el mantenimiento de los ambientes deben respetar sus características arquitectónicas. El atractivo comercial del lugar depende, precisamente, de la permanencia de aquello que lo hace distinto.

En ese futuro uso deberían tener un lugar visible los vecinos del Rímac, sus escolares y quienes trabajan en los oficios de conservación. Las visitas educativas, la explicación del antiguo molino y el conocimiento de las técnicas constructivas pueden dar profundidad a la experiencia del visitante. También convendría contar la historia de las personas que trabajaron en la propiedad y de las instituciones que intentaron recuperarla. Un patio restaurado ofrece espacio para esa conversación. Allí, entre los pasos de una nueva generación, la antigua casa podría volver a formar parte de la vida cotidiana del barrio.

Bibliografía

Agencia Peruana de Noticias Andina. (2019, 4 de noviembre). BBC Mundo cuenta la historia de Micaela Villegas la “Perricholi”.

Banco de la Vivienda del Perú. (1985). La Quinta y Molino de Presa. Banco de la Vivienda del Perú.

El Peruano. (2023, 23 de octubre). Plan Copesco Nacional reafirma compromiso para restaurar y poner en valor la Quinta de Presa.

Málaga Fuenzalida, L. M. (2026, 19 de agosto). Quinta de Presa reabrirá con cadenas de restaurantes en el Rímac. Cosas.

Ministerio de Cultura. (2014, 19 de septiembre). Ministerios de Cultura y de Comercio Exterior y Turismo, el World Monuments Fund Perú y el Patronato del Rímac suscriben alianza público-privada para poner en valor la histórica Quinta de Presa. Plataforma Digital Única del Estado Peruano.

Latest articles