Durante décadas, programar significó decirle a la computadora exactamente qué debía hacer. El aprendizaje automático introdujo otra posibilidad: mostrarle muchos ejemplos para que encuentre patrones y pueda reconocer casos nuevos. Ese cambio —de escribir cada regla a aprender de los datos— es una de las claves para comprender cómo evolucionó la inteligencia artificial.

